Me visita mi sobrino de repente (2 parte)

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Así que aun caliente del telefono erotico que había consumido antes, yo sola, mi sobrino se presenta de repente. Uf! vaya regalo caído de cielo. Porque estaba calentísima, sí, había estado hablando con un tío por teléfono erótico que al parecer tenía un pollón descomunal y yo con mi copita de cada tarde, estaba que echaba humo. Y de sopetón, se presenta mi joven sobrinito. Y lo demás ya se lo conté antes.
Me puso cachondísima verle, porque claro, yo no le dije nada que ya estaba muy mojada, y solo verlo con ese vaquero y el paquetón que se sospechaba aún me puse peor. Por lo que tuve que desplegar todas mis artes de mujer, para poder insinuarme.
Primero con miradas, después con cruzadas de piernas y ya más tarde, al ver que no me hacía mucho caso, le propuse beber un poquito. Él no quería, porque es muy sano, pero al final ya me arrimé a lo descarado restregándole todas mis piernas y pasando mi lengua sobre su jovencito cuello. Todo sobre el sexo en familia me pone cachondísima, por eso las lineas eroticas incesto que me hablan como si fueran mi hijito o mi primo me encienden, eso de chuparla entre parientes.

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Sin pensarlo mucho, me sobé a él para que notara mi calentura, estaba a mil por hora así que le hice que me agarrara por detrás, sobándome toda. Uf, qué calor. Menudas manos se gasta el muy cabrón porque me mojaba todo mi chocho, más que mi incapaz de mi marido, que ni me toca. Sus grandes manos pronto me toquetearon por debajo y noté como quería tocarme la raja. Qué bandido mi sobrino, pero yo le dejaba, me encantaba, solo pensaba ya en su polla.
Uf, así que nos estuvimos morreando de frente y notaba su lengua toda mojada queriéndome comer, qué salido mi sobrino. Como jugaba con su lengua, la noté grande y todo, me apabullaba. Y yo que no soy tonta, ya puse de mi parte para tocarle el paquete, así como estabamos, le metí mi mano por debajo del pantalón y del calzoncillo. Y muy pronto adiviné como se las gastaba el macho de mi pequeño sobrino. Menuda polla, le adivinaba, así que ni corta ni perezosa, me agaché…

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