Vestida de negro para él

por | mayo 31, 2020

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A veces se me ha ocurrido llamar a esas líneas cachondas para ver lo que me dicen, si me ponen caliente. Lo cierto es que a veces, antes de vestirme para él, de negro y como él me lo manda, lo hago. Llamo y me excito. Marco el número telefónico caliente de alguna linea erotica cornudos, porque así entro en materia. Ya que lo que hago cuando quedo con mi amante, es eso, hacerle un buen cornudo.
Entonces me pongo a hablar con algún hombre al otro lado del telefono erotico gay. Porque me gusta hablar con hombres que les atraigan otros hombres, me pone cachonda. Y esa tarde estuve hablando con uno, Toni, que me excitó al máximo. Español, con buena polla y facilón para mí, porque estaba cachondísima. Estaba pensando en mi amante lógicamente, ni hablar de mi inútil marido, mi pensamiento era para mi semental. Pero ahí estaba, en la cama, con las tetas fuera, tengo buen pecho, y mojada como una perra encendida.

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Y es cierto, estaba hablando con un extraño, aparentemente apuesto y fornido, y excitadísima. Su voz era suave, ruda al mismo tiempo, me desconcertaba y me rasgaba el oído hasta penetrármelo. Era como si me follara mi pensamiento. Pensaba en la polla de mi amante, pero era inevitable pensar en la de mi nuevo amigo telefónico.
Era un telefono erotico gay, pero me encantaba estar hablando con él, y que me contara lo que hace a otros hombres. Soy viciosa, sí, y no me basta con poner los cuernos a mi flojo esposo.
Me contaba que les dice como se le pone la polla y con eso se ponen como locos, una buena polla que les empalma al otro lado del teléfono. Yo le contaba que mis tetas también son grandes, que haríamos buena pareja, y me parece que él ya se estaba empalmando.
Estuvimos hablando rato, haríamos buena pareja y seguro que follaríamos muy bien, me contaba que le gusta dar huevos a sus perritos cuando llaman. Dar de mamar sus huevos gordos, peludos. Uf, eso me ponía malísima, ya por momentos me olvidaba de mi macho. Me preguntó si tenía marido, le dije que bueno, era un sometido, uno de los morbocornudos más, que hay por muchos sitios. Una oveja para pastar. Yo tengo macho, le dije. Le encantó saber.
Pero ahora, él era mi hombre. Todo un pollón español que amamantaba a otros hombres al teléfono, y que me lo contaba susurrándomelo al oído. Uf!

-Estoy cachondísima Toni, no sabes cómo me has puesto.- Le decía mientras sostenía el móvil con las tetas duras y venosas salidas.

Me sentía bien perra, bien animal. Abría las piernas en la cama, y notaba como me caían y chorreaban gotas de flujo de hembra en celo. Oh, cómo lo recuerdo, y cómo se gustaría seguir contándolo…

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