Debilidad de mujer madura

por | junio 2, 2020

telefono-erotico-visa-1.jpg maduras divorciadas calientes

Sin saber por qué estaba por internet desde que me divorcié. Estar casada durante más de veinte años con mi marido, mi ex para ser más precisos, me había provocado caer en el mas profundo de los abismos.
La monotonía, palabra que he oído miles de veces se había apoderado de mí, y de mi vida. Me sentía ya como esas maduras divorciadas calientes en busca de nuevos hombres. Lo cierto es que parecíamos extraños el uno con el otro. Un matrimonio en la cama, después de muchos años, y éramos perfectos desconocidos.
Al final, tuve que seguir mis instintos más primitivos y verdaderos de mujer, y decidí separarme. Ya no le quería.
Una mujer, si tiene que ser sincera con ella misma, cuando no quiere a un hombre, tiene que irse a otro lugar, o él, pero no seguir juntos. La mayoría de mis amigas, madres ardientes tetonas, continúan por los hijos, por el dinero o por cualquier otra circunstancia que les provoca esa falsa unión. Pero yo no soy así.
Y sí, le quería igual que se quieren unas zapatillas deportivas que te las compraste con toda la ilusión del mundo, pero a lo largo del tiempo y del uso, se gastan y ya quieres otras nuevas. En el amor, sucede algo parecido, sin caer en el materialismo barato.
Ya no le quería, sí, le tenía afecto, pero eso no es un matrimonio. Afecto también tengo al tendero del mercado, que me pone unos filetes que ni los que me daba cuando era una colegiala. Y ese afecto no es lo que yo quiero.
En fin, soy toda una mujer libre, hago lo que quiero, supero los cuarenta y me desahogo con el que me sale del coño, hablando mal y pronto.
He descubierto una nueva forma de jugar, las líneas eróticas de hombres, incluso telefono erotico gay, me da igual. Mientras haya una polla al otro lado de la linea erotica. No hace falta ni salir de casa y me estoy entrenando a hablar con chicos con buenas pollas. Me ponen que ni me acordaba cómo era eso de excitarse. Y sí, ahora ya soy de las maduras divorciadas calientes que me pongo mojada solo de pensarlo. Les dejo una retaguardia, a ver qué les parece. Qué me harían, o me dejarían de hacer.

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