Madre caliente con final feliz

por | julio 7, 2020

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No podía entender lo que me pasaba después de haber estado con ese hombre, me había vuelto adicta a él, y volvía a casa después de estar bien sometida a él. Me había dado el amor que el me decía: su gran polla. Y lo cierto es que me sentía muy mal, sucia y hasta un despojo por cómo me había tratato. Como su objeto sexual, de madre caliente. pero al mismo tiempo, viciosa de su cuerpo de macho y poderío descomunal. Sé que me utilizaba desde mi divorcio, desde que lo conocí por el chat maduras Barcelona, pero me daba igual. Porque había encontrado a un macho de verdad que me transformaba en la cama.
Mis poderosos glúteos, gorditos y carnosos de mi culo eran en sus manos un juego de niños, que los apretaba cada vez que me embestía sin piedad. A cuatro patas y expuesta a sus manoseos y empotradas. En ese hotel, donde acostumbrábamos a quedar después de que me manoseara y precalentara en su coche. Aunque para ser verdaderos, era yo la que le buscaba, nada más verle, lo ansiaba, su paquete para notar su dureza.
Solo quería agacharme y meterme todo ese trozo de carne en mi boca. Sacarlo de la bragueta y el slip. De su pantalón trajeado. Y siempre estaba preparado. Erecto. Y cuando yo ya no podía más, era él, quien me tenía que parar un poco y decirme: espera, vamos al hotel, ahí tendremos más intimidad.
Y yo me volvía loca, la perra era yo. Por mucho que hable, y diga que me siento sucia después de quedar con él. Perra sedienta de pija gorda, dura y gruesa. No había conocido hombre igual, ¿acaso soy golfa por eso? ¿No tengo derecho a disfrutar después de una vida pesada y sin sentido con el que era mi marido?

Madre caliente sorprendida con la verga de su hijo

Total, que al final, después de haber estado con él ese día, uno más de los que quedábamos. Después de haberme follado como quiso, como a esas esposasynovias bien folladas, y después de estar en el lavabo. Ya en mi casa, para limpiarme de todo su lechamen y olor esparcido por todo mi carnoso cuerpo. Mi hijo, y ya en casa: me sorprendió.

Primero me sacó unas fotos mientras me iba a duchar. Me indigné tanto que le quise arrebatar el móvil, a mi niñato consentido. Para subirlas luego me decía, a páginas web porno, pornhub, theporndude o yo qué sé, porque ni me enteré, ni le atendí. Solo quería el móvil y eliminar las fotos. Y darle su merecido, por niñato absurdo. Venía de haber estado con todo un pollón enorme, y me sentía demasiado mujer, para que mi propio hijo, jugara conmigo.
Pero lo suyo, no era un juego: eran puros celos. Sí. Sentía celos de creer, y estaba en lo cierto, de saber que había estado guarreando con un tío, y sospechaba que venía recién aprovechada y zorreada por un semental sin escrúpulos. Su madre caliente recién follada por un extraño. Un corneador trajeado que me había concedido toda una inyección de amor: su pollón sin perdón.
Y yo no tenía, no tengo perdón. Porque es a lo que voy cada vez que quedo con él: a meterme todo ese nabo de 20 centímetros por mi vagina peluda. Por mis labios gruesos y enrojecidos, Me parte cada vez que me la mete. Mi raja engordada e hinchada, enrojece de todo el refriegue sin compasión de su venoso miembro. Se hincha cada vez que le oigo decir: toma inyección de amor, porque a esto es a lo que vienes, perra.
Y es así.
Él es mi droga y su polla mi medicina. ¿Soy una golfa por eso?

Madre e hijo excitados forcejean por el celular

Estuvimos forcejando por ese móvil, por querer quitar y borrar esas fotos que me había sacado sin mi permiso. Pero en esa pugna, nos empezamos a rozar como dos adolescentes, mi cuerpo se volvió joven y endurecido, y él, mi hijo, enrabietado por los celos, extrajo un varón, una virilidad impresionante. Noté su verga endurecida mientras estaba arriba, creyendo hacerme y quitarle el celular, lo que estaba era excitándome de nuevo, pero estaba vez con mi pequeño niño. Me calentaba como una perra en celo, como una madre caliente. Cada vez que notaba su polla, mi polla que salió de mi coño un día, dura como una piedra.
Para! no sigas!, le decía, pero él ni caso. La fuerza arrolladora de la juventud no tiene fuerza que la pare. Lo noté más enfadado que nunca y a la vez más hombre que nunca. Era mi niño pero en un momento me extrajo las dos tetas grandes fuera y me empezó a chupar. Oh, aquello era algo inimaginable. Noté como afloraban jugos de mi chocho sin querer. Había estado lubricando como una guarra de hotel hace unas horas y ahora volvía a chorrear.
Mi sexo se volvía a humedecer de nuevo, mi hijo me chupaba las tetas como cuando era pequeño, pero como nunca lo hizo, y sus manos fueron para mi raja.
Ahí no toques!- le decía.
Pero nada, él continuaba tocándome, sobándome, metiéndome tus dedos nerviosos y largos en mi vagina de madre caliente y ardiente. Oh, qué goce más sucio de mamá pervertida. De incesto consentido hasta este momento. Y le empecé a dejar hacer.
Claro que sí. Qué iba a hacer? Si mi propio hijo me estaba dando un gusto increíble.

Un final feliz para madre e hijo enamorados

Lo mejor de todo, fue cuando ya estando arriba quiso montarme, como a una vulgar perra que hubiera conocido, pero con ese fondo incestual y familiar, que otorgaba al momento: algo verdaderamente especial.
Era su yegua, él mi potro, su vaca y él, mi macho ibérico listo y preparado para el montaje de madre caliente y viciosa sin perdón. Mi vagina peluda pedía verga a gritos polla, pero no se lo podía decir, aquello era violento. Sí. Yo, ya recalentaba por ese macho semental del hotel, estoy entrenaba a recibir verga dura. Pero cuando se bajó el pantalón listo para embestirme, ya arriba de mí, encima, pude apreciar lo que guardaba entre sus piernas: un pollón tan grande o más como el macho que monta cuando quiere.
– Me vas a reventar hijo, para…
– No te gustan las pollas grandes ahora o qué, eh, guarra?, mi mama folladora!- me dijo
-Sin vergüenza, no hables así a tu madre
– Vienes cada semana toda follada, que hueles que apestas a semen, ¿y me dices el qué? No te he oído golfa gorda…
-Que pares, me vas a destrozar con esa polla hijo- le pude decir, con los muslos ya abiertos.
Me había arrebatado el tanga, y abierto los muslos con una fuerza juvenil sin límites. Y lo peor de todo, es que cada vez yo lubricada más. Me chorreaba tanto los labios vaginales, que me notaba toda mojada hasta por detrás. Mi ano, culo y glúteos estaban mojados de jugo vaginal. Las sábanas estaban mojadas y la humedad me inundaba.

Una madre caliente rendida a su hijo

Pero él ni me hizo caso, no quiso ni atenderme, su madre estaba abierta para él, esperando sin remedio ese inmenso miembro de macho. Ese cacho rugoso y largo de carne. Una verga dura y gorda, gruesa, descapullada, cogida por su mano para clavarla. Dirigida a mi raja, su objetivo. Y el olor que desprendía todo su paquete, su aparato de macho, era tan fuerte que se apoderaba de todo lo que pillaba: la habitación, la cama, el colchón, mis tetas, mi coño, estaba embriagada por completo. Mi chocho vapuleado y apestado por olo a polla de nuevo. No salgo de un pollón y ahora mi hijo, aún con más grosor y cms.
Me rompió por completo, y me montó para que viera de quien es esta hembra. Estaba cogiendo lo que es suyo, y me empotró contra el colchón una y otra vez, sin descanso. Y notaba el golpeteo de sus vigorosos huevos. Sus pelotas peludas golpeaban las paredes de mi coño negro, para que me diera cuenta de todo. Me la metió sin compasión, sin pensar, como se folla a tu novia los primeros días que la conoces y que te la follas. Porque al final es lo que los dos queréis. ¿Quenovias pueden estar tan bien jodidas como yo? Esta madre caliente divorciada. ¿Soy golfa por disfrutar el vergón de mi hijo?

Y así es en definitiva, así es como nos gusta a todas que nos follen. De esta manera, lo hizo él. Y después el final feliz surgió, entre madre e hijo. Buscaba a un macho semental desde mi divorcio fuera de casa, pero al final, y al principio, estaba conmigo. Mi propio hijo.
Relato Sonia Manga (Si les gustó o no, no duden en comentar)

 

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